La vida exagerada de Martín Romaña, Cuaderno de navegación en un sillón Voltaire de Alfredo Bryce Echenique

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Alfredo Bryce Echenique, Vargas Llosa y Santiago Roncagliolo, brillantes exponentes de la literatura peruana, son los responsables de que siempre acuda con inmensa alegría al encuentro de sus obras. En esta ocasión, he regresado al calor de la obra de Bryce Echenique. ¡Cuanta falta me hacían sus libros!

Esta historia se centra en Martín Romaña, un peruano que nació en cuna de oro. Hijo de un prominente banquero del país andino, se lanza en su sueño de asentarse en el París de la década de los sesenta. A partir de ese momento, somos testigos de su arribo a la capital francesa, sus experiencias como viajero, su inmersión en la ideología marxista y en un grupo comunista, sus relaciones amorosas, su carrera como escritor, y su viaje como escribiente en el sillón Voltaire.

Martín experimenta un paulatino desencanto sobre París, nos comunica los pesares de la dura vida de los expatriados, desromantiza algunos de los preceptos del mayo 68, y nos transporta, con un tremendo pragmatismo, a muchas verdades sobre Latinoamérica y los latinoamericanos.

Sentí que Bryce Echenique me contaba esta historia en tiempo presente y como si fuese su amiga. El relato tiene alma y corazón, realidad y fantasía, locura y racionalidad. Es impresionante la forma en que este autor relata los eventos cotidianos, y los convierte en episodios fantásticos.

En apenas unas pocas hojas de las más de 500 que este libro contiene en versión digital, es claro que una se ha sumergido en un relato apasionado, divertido, irónico, algunas veces romántico o desolador, en el cual Martín se vuelve un sujeto profundamente familiar y del cual no deseas alejarte.

Lean a este genio peruano, lean La vida exagerada de Martín Romaña, Cuaderno de navegación en un sillón Voltaire (1981).

«[…] mi teoría ha sido siempre que un latinoamericano jamás se clochardiza; se va de frente a la mierda y punto».

«Marx me había herido mucho con eso de que de ovejita no pasaba».

«Y que yo, desde mi más temprana adolescencia, simplemente no logré sacar a una chica a bailar, sin soñar una vida entera con ella».

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