El idiota de Fiódor Dostoyevski

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León Nicolaievich, el príncipe Michkin, llega a Rusia después de un largo período de residencia en Suiza, sitio en el cual se encontraba reposando debido a su padecimiento de epilepsia y por lo que se entendía como «idiotismo». La historia del héroe de este libro, transcurre a partir del arribo de este a su tierra natal, momento a partir del cual vive una serie de situaciones que ponen a prueba su espíritu y nos llevan a reflexionar sobre la naturaleza humana, la moral y la ética, las relaciones amorosas, las obsesiones febriles, y la vida en sociedad.

Amo la pasión que imprimió Dostoyevski en cada uno de sus personajes. Son furibundos, pasionales, coléricos, apasionados, sagaces, magnánimos, burdos o absurdos. Creo que gran parte de la riqueza de su inigualable obra radica en ese don que detentaba al plasmarlos así, tan orgánicos, viscerales, absolutamente reales.

Dostoyevski es un autor que me lleva a vivir miles de sensaciones. Todo el libro presenta tanta conjunción entre uno y otro evento, tanto corazón entre uno y otro diálogo. Quisiera poder decir que he explorado en profundidad la obra de este gigante, pero lo poco que he leído de él hasta ahora me ha robado el corazón y, definitivamente, se ha granjeado una fan eterna.

Debo confesar que es más sencillo para mi leer a Dostoyevski en formato digital, debido a que de esta manera puedo buscar los nombres patronímicos e hipocorísticos de los personajes con mayor facilidad. Les brindo este consejo en caso de que tuvieren problemas con los nombres rusos.

El idiota (1869), nombre de la obra, es un adjetivo adjudicado al príncipe Michkin, quien de idiota no tiene un pelo, o ¿sí? No diré más, deben descubrirlo por ustedes mismos.

Lean este libro, aunque tarden tanto como yo. Sus más de seiscientas páginas no solo te remontan y te enseñan las particularidades de la Rusia del siglo XIX, sino que te transportan al alma misma de su gente y sociedad.

«Siempre me ha sorprendido la falsa idea que los adultos se forman sobre los niños».

«En general, la gente suele estar dispuesta a la hilaridad por poca cosa».

«En un país desconocido, es difícil descifrar el modo de ser de la gente».

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